martes, 3 de marzo de 2015

MIRAR NUESTROS PECADOS ANTES DE JUZGAR

Antes de juzgar a los otros, miremos nuestro pecado

Ciudad del Vaticano (AICA): Lunes 2 Mar 2015 | 10:22 am “A ti Señor, nuestro Dios, la misericordia y el perdón. La vergüenza para mí y a ti la misericordia y el perdón. Nos hará bien tener este diálogo con el Señor en esta Cuaresma: la acusación de nosotros mismos. Pidamos misericordia”, expresó el papa Francisco, en la mañana de este lunes, 2 de marzo, en la homilía de la misa celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta.
 “A ti Señor, nuestro Dios, la misericordia y el perdón. La vergüenza para mí y a ti la misericordia y el perdón. Nos hará bien tener este diálogo con el Señor en esta Cuaresma: la acusación de nosotros mismos. Pidamos misericordia”, expresó el papa Francisco, en la mañana de este lunes, 2 de marzo, en la homilía de la misa celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta. 
Las lecturas del día están centradas en el tema de la misericordia, señala Radio Vaticana y el Papa, recordando que ‘todos somos pecadores’ no ‘en teoría’ sino realmente, indica ‘una virtud cristiana, mejor dicho, más de una virtud’: ‘la capacidad de acusarse a sí mismo’. Es el primer paso de quien quiere ser cristiano: 
“Todos nosotros somos maestros, somos doctores en el justificarnos a nosotros mismos: ‘Pero yo no fui, no es culpa mía, pero no era tanto… Las cosas no son así’. Todos tenemos un pretexto para explicar nuestras faltas, nuestros pecados, y muchas veces somos capaces de poner cara de ‘pero yo no sé’, cara de ‘yo no lo hice, quizás fue otro’: hacerse el inocente. Y así no se va adelante en la vida cristiana”. 
Es más fácil acusar a los otros -observó el Papa- sin embargo sucede una cosa un poco extraña si probamos de comportarnos de manera diversa: ‘cuando comenzamos a ver de qué cosas somos capaces’, al inicio ‘nos sentimos mal, sentimos aversión’, luego esto ‘nos da paz y salud’. Por ejemplo –afirmó el Pontífice- ‘cuando tengo envidia en mi corazón y sé que esta envidia es capaz de hablar mal del otro y matarlo moralmente’, ‘ésta es la sabiduría de acusarse a sí mismo’. 
‘Si no aprendemos este primer paso, nunca avanzaremos en el camino de la vida cristiana, de la vida espiritual’: 
“Es el primer paso, acusarse a sí mismo. Sin decirlo. Yo y mi conciencia. Voy por la calle, paso adelante de la cárcel: ‘Eh, estos se lo merecen’. ¿Pero sabemos que si no hubiera sido por la gracia de Dios estaríamos ahí? ¿Pensamos que somos capaces de hacer las cosas que ellos hicieron, incluso peor todavía? Esto es acusarse a sí mismo, no escondernos las raíces del pecado que están en nosotros, las muchas cosas que somos capaces de hacer, también si no se ven”.
El Papa subraya otra virtud: avergonzarse delante de Dios, en un diálogo en el cual nosotros reconocemos la vergüenza de nuestro pecado y la grandeza de la misericordia de Dios: 
“A ti Señor, nuestro Dios, la misericordia y el perdón. La vergüenza para mí y a ti la misericordia y el perdón. Nos hará bien tener este diálogo con el Señor en esta Cuaresma: la acusación de nosotros mismos. Pidamos misericordia. En el Evangelio Jesús es claro: ‘Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso’. Cuando uno aprende a acusarse a sí mismo es misericordioso con los otros: ¿pero, quién soy yo para juzgarlo, si yo soy capaz de hacer cosas peores?” 
La frase: ‘¿Quién soy yo para juzgar a otro?’ –afirmó Francisco– obedece precisamente a la exhortación de Jesús ‘No juzguen y no serán juzgados, no condenen y no serán condenados, perdonen y serán perdonados’. En cambio, constata ‘¡cómo nos gusta juzgar a los demás, hablar mal de ellos!’ 
‘Que el Señor en esta Cuaresma –concluye el Papa– nos dé la gracia de aprender a acusarnos’ en la conciencia de que somos capaces ‘de las cosas más malvadas’ y decir: ‘ten piedad de mí, Señor, ayúdame a avergonzarme y dame la misericordia, así yo podré ser misericordioso con los otros’.+ 


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