viernes, 13 de febrero de 2015

21er.CONSIDERACION VIRTUDES INTERIORES sFs

EL VIGESIMOPRIMER DIA

Su afabilidad

Francisco de Sales recibía a todo el mundo con una continencia serena y agraciada y nunca despachando a nadie sin importar quien fuera. El escuchaba calladamente a todo el mundo por cuanto tiempo cada persona lo deseara. Ustedes pensaran que él no tenía nada más que hacer, por lo que era tan atento y tan paciente; todo el mundo lo dejaba tan alegre y satisfecho que las personas se sentían muy contentas de poder decirle algo, y así poder disfrutar la extrema dulzura y serenidad que él difundía en los corazones de todos los que hablaban con él. Por medio de esto él acercaba a las personas con perfecta confianza, especialmente cuando la conversación trataba de asuntos espirituales, porque él se deleitaba hablando de la devoción y animando a todo el mundo a practicarla; cada quien de acuerdo con su vocación y con el estado de sus vidas.

Las costumbres y la forma de hablar de Francisco de Sales eran serias y dignificadas, pero al mismo tiempo eran muy humildes, dulces y simples. Él siempre estuvo completamente libre de todo amaneramiento, o rigidez. Nunca se le escuchó decir una palabra en el momento incorrecto, o hacer algún comentario frívolo. Él hablaba en un tono bajo, calladamente, gentilmente y prudentemente, y aun cuando nunca utilizaba palabras refinadas, todo lo que decía tenía un grandioso efecto. Muchas veces observe que él no hablaba ni mucho ni muy poco, sino que siempre decía lo que era necesario y se expresaba tan bien que nada más necesitaba ser adherido a sus palabras. Algunas veces relataba pequeñas anécdotas pero siempre con tanta modestia que aquellos que lo escucharon fueron edificados al mismo tiempo que entretenidos por sus relatos. (Deposición de Santa Chantal.)


Un Ramillete Espiritual

La gentileza y la afabilidad hacen de las conversaciones serias algo agradable; nosotros deberíamos evitar por un lado los halagos y la cordialidad afectada, y por el otro lado la austeridad, la dureza, la amargura, el desdén y el odio. Con una condescendencia decente nosotros podremos relacionarnos dulce y amigablemente con nuestro vecino, en palabras, acciones y con nuestro comportamiento en general. (Regla de Conducta.)



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